
Gente que
literalmente
duerme
en los laureles
Por: Jeancarlo Ortiz
Fotos: Cortesía de Diego Riaño

Vendedor de Samper Mendoza, a la espera de sus clientes.
Se acercan las 9 de la noche y los camiones no paran de llegar a la zona de descarga del Samper Mendoza, plaza de mercado ubicada en la carrera 30 con calle 26, localidad de los Mártires. Es allí donde más de 500 campesinos se dan cita cada lunes y jueves a la espera de sus clientes. Entre ruanas y gorros para el frío, los vendedores preparan sus puestos para una jornada nocturna que empezará a las 10 p.m. y terminará a las 5 a.m.
Marcan las diez en punto y empieza el desfile de compradores por los pasillos de la plaza. Ahora bien, ¿Quién sería tan loco para dirigirse a esta plaza de mercado en las horas de la madrugada? Por su concurrencia, pareciera que no hay sector de la capital que no acuda al lugar. Desde señoras mayores que buscan hierbas para el manejo de las energías hasta chefs de talla mundial que encuentran en los productos la frescura ideal para sus platos. Incluso es en esta plaza donde llegan decenas de carretillas con sus “olletas”. Allí llenan estos contenedores con una preparación de hierbas y agua caliente, en esencia “aromática”, como es conocida en la cultura popular. Los dueños de estos carros no tienen tiempo que perder ya que luego de reabastecerse deben salir en un recorrido desde Paloquemao hasta la séptima, donde cientos de oficinistas están por llegar a sus lugares de trabajo y ansían empezar su día con una bebida caliente para el frio capitalino.
Este lugar, aunque especial no tiene el renombre que merece teniendo en cuenta la variedad de dinámicas particulares que ofrece. Es este escenario social el que llamo la atención de Diego Riaño, publicista y fotógrafo conocido por el seudónimo del “Rológrafo”; y sí que hace honor a dicho nombre en su profesión. Le apasiona Bogotá de pies a cabeza, la gente, su interacción, su arquitectura y el sin fin de historias peculiares que la ciudad tiene para ofrecer. Encontró en la plaza Samper Mendoza, la oportunidad perfecta para realizar un proyecto muy cercano a su corazón.
“Mientras les daba tiempo a las hierbas para que cubrieran de olor el espacio y a los cargadores de hojas de tamal para que llegaran, el sueño se apodero del Samper Mendoza”

Foto: Sofía Ramírez.
Foto: Sofía Ramírez

A mediados del 2018 se enteró de la atractiva experiencia que se vivía en el lugar. No pudo evitar que surgieran más preguntas a medida que escuchaba los detalles de una vieja amiga que había conocido en su etapa de estudiante en la universidad Central y que ahora trabajaba en el Samper Mendoza. Una vez aprobados los permisos gracias al apoyo de su amiga, se alistó en una noche de lunes y se dirigió al mercado a donde arribaría a las 8 p.m. A su llegada no pudo evitar maravillarse por los aromas que desprendía cada rincón del lugar, la experiencia sensorial era la carta de bienvenida. Empezaría a recorrer los puestos, pero con algo de desdén. No encontraba la manera de contar la historia a través de su lente sin previamente generar un vínculo con los comerciantes. Fue en ese instante cuando decidiría esperar a los vendedores que arriban a las dos de la mañana con su cargamento de hojas de tamal.
“Mientras les daba tiempo a las hierbas para que cubrieran de olor el espacio y a los cargadores de hojas de tamal para que llegaran, el sueño se apodero del Samper Mendoza”
Fue para las 10 de la noche cuando noto un patrón un poco anticlimático en los vendedores. Cada uno de los presentes se preparaba para dormir entre hojas y cobijas…en su trabajo, y parecían estar mas que cómodos con su actuar, incluso eran los mismos clientes quienes despertaban al vendedor para empezar con la negociación. Ambas partes disfrutaban del momento. El comprador asiente con la cabeza y la otra parte procede a guardar cuidadosamente las hierbas. El trato se firma con el pago de los productos y se cierra con un curioso comportamiento. El comerciante cuenta las “vueltas” que debe dar al comprador sin sacar sus manos de la ruana que lleva puesta. Únicamente las deja visibles al momento de entregar el dinero.
Diego Riaño, quien fotografía lo que ocurre en el Samper Mendoza.
La dinámica se réplica toda la noche y de manera unísona. Los campesinos se levantan a seguir con sus labores nocturnas hasta el termino de la madrugada. Una vez capturó todas las imágenes, deambuló por la plaza hasta las 4 a.m. hasta que sació su curiosidad e incluso charló con personajes que encuentran en el esoterismo las respuestas a las desdichas humanas.
“Logré ver a las criaturas capitalinas extrañas que van a las tres de la mañana a comprar hierbas para sanar todo mal y cubrirse de todo peligro”
Finalmente, a las 4:30 a.m. Diego llegó a su casa y se recostó en su cama que, aunque sin laureles desprendía aromas a hierbas con la misma intensidad que se hace presente hasta el día de hoy en las madrugadas de la plaza Samper Mendoza.
Cabe destacar que, en sus inicios, este lugar no se conocería con el nombre de Samper Mendoza. Se le daría un nombre más genérico, Plaza del Nordeste. Su historia comenzó en 1935, almacenando materiales en un espacio distribuido entre cuatro graneros internos y un depósito enorme. Este mercado campesino se abastecía con mercancía proveniente de Sogamoso y Barbosa que llegaba a través del sistema ferroviario de la época. Para 1956 paso a funcionar como parqueadero para buses de transporte publico y finalmente fue en 1958 que adopto el nombre con el que se le conoce hoy en día.
Diego sigue visitando la plaza; realiza una que otra compra y charla con todos los conocidos que le ha dejado esta experiencia maravillosa. Pasa el tiempo, pero la admiración por el trabajo que realizan los comerciantes no es menor. Compartir con ellos ha sido fundamental en el aprendizaje sobre los procesos por los que pasan estas hierbas.
La devoción con la que los campesinos plantan estos alimentos es prueba fehaciente de la labor que realizan, que, aunque ignorada a los ojos de la sociedad, implica la relación sustentable que el ser humano establece con el planeta.
Diego quiere seguir documentando este tipo de fenómenos, por eso lleva de manera paralela proyectos sobre la memoria histórica de nuestra ciudad. Toma fotos de edificios y los cambios que han presentado durante mas de 20 años, detallando la mas mínima variación del espacio y los aspectos culturales inmiscuidos en la foto. Ahora, se encuentra en la realización un “fanzine”, formato reducido que asemeja una revista, pero en una versión más informal. Espera poder repartirlos al detal por las calles del centro de Bogotá y brindar así, un breve recuerdo inmortalizado por medio de la fotografía, la misma que desde su época callejera lo ha apasionado y que le ha ido abriendo las puertas de muchas ciudades del mundo.

