
Mares de Lava
Por: Sofía Ramírez
Fotos: Cortesía de Isley Reust

La tierra del hielo y el fuego
Islandia, conocida como la "tierra de fuego y hielo", es un paraíso para los amantes de la naturaleza y la aventura. Este rincón del mundo, situado en la dorsal meso atlántica, alberga algunos de los volcanes más activos y espectaculares del planeta. Vivir la experiencia de los volcanes de Islandia es adentrarse en un paisaje de contrastes donde la fuerza de la Tierra se manifiesta en todo su esplendor.
Los recorridos guiados permiten a los aventureros explorar estas maravillas de forma segura, logrando ascender a un cráter inactivo o presenciar cómo el magma burbujea en la distancia es una lección viva sobre el poder y la fragilidad del planeta.
Estas experiencias sensoriales, son las que ha vivido Isley Reust en estos últimos 3 años fotografiando volcanes.
Isley vive en los fiordos occidentales de Islandia. Son un fenómeno natural que encarna la poderosa interacción entre glaciares y océanos. Estas formaciones geográficas, caracterizadas por profundos valles en forma de U que se sumergen en el mar, se encuentran principalmente en las regiones occidentales y orientales del país. Su origen se remonta a la última era glaciar.
Tener nuevas experiencias alimenta su creatividad y cada destino se convierte en una fuente inagotable de inspiración.
“Cuando vi la primera de muchas erupciones volcánicas que comenzaron a ocurrir, pensé que era el evento más espectacular y hermoso que he visto.”
Capturar momentos no es solo una profesión, es un gusto personal que refleja su pasión por inmortalizar instantes que de otro modo se perderían en el tiempo. Cada fotografía es una pieza de su visión del mundo, un recuerdo de todo lo que la vida tiene para ofrecerle. En este caso, fue el volcán Fagradalsfjall el que llamó su atención, esto sucedió en el año 2021, comenzando marzo y finalizando junio, cuando este volcán tuvo una de sus erupciones.
“Mi nombre es Isley Reust, soy alemana y estadounidense”.

Galeria de La tierra del hielo y el fuego




Primeras experiencias

Isley Reust, fotógrafa, videógrafa y guía residente en Islandia.
Ser fotógrafa de volcanes es una experiencia intensa y fascinante, mientras la naturaleza muestra su poder y belleza en su forma más pura. Capturar imágenes de un volcán en erupción o de sus paisajes humeantes requiere valentía, preparación técnica y un gran respeto por el entorno. Cada disparo implica enfrentarse a condiciones extremas: altas temperaturas, cenizas, gases tóxicos y terrenos inestables. Sin embargo, la recompensa es inmensa: fotografías únicas que cuentan historias de transformación y energía, logrando conectar al espectador con la majestuosidad de la Tierra en constante cambio. Es un trabajo que combina arte, ciencia y aventura.
“La primera vez que llegué al volcán y lo vi, vi su belleza, realmente no podía creer lo poderoso que era, pero ese mismo día empezó a nevar, una nieve muy fuerte y no se podía ver nada, se podía ver lo rojo de la lava que venía bajando, pero el tener el rojo de la lava con la nieve blanca fue uno de mis momentos favoritos”.
Caminar hacia la lava fue una experiencia tan escalofriante como fascinante, una aventura que desbordó los límites de lo imaginable. Cada paso acercaba a los espectadores al imponente espectáculo natural, un recordatorio visible del poder destructivo, pero igualmente fascinante de la naturaleza.

La experiencia se convirtió en su momento favorito, uno que guarda profundamente en su corazón. Ella recuerda con una claridad precisa ese atardecer, cuando el cielo se teñía de tonos cálidos y vibrantes, como si el sol estuviera derritiendo en su descenso la paleta de colores de la lava. Era como si el tiempo se detuviera por un instante. Sin poder dar mayor explicación de lo que sintió en ese momento, ella recuerda el ambiente caliente y el lejano sonido del flujo volcánico.
“Soy fotógrafa, videógrafa y guía”.
Para ella, lo mejor de ser fotógrafa es la oportunidad de explorar cada rincón del mundo y descubrir culturas, paisajes y emociones que de otra forma serían desconocidos. Viajar le permite conectar con diferentes personas y culturas, mientras su lente se convierte en una herramienta para capturar historias únicas.
“Cuando tenía 8 años, mi abuelo en Alemania me dio una cámara y desde ese momento me ha encantado tomar fotos”.
Lograr el objetivo de experimentar la vida alrededor del mundo a través del lente ha sido, para ella, un camino lleno de esfuerzos y recompensas. Sin embargo, ella es consciente de que todo lo que ha logrado como fotógrafa y las experiencias acumuladas durante sus viajes, no habrían sido posibles si no se hubiera entregado por completo a la fotografía. Cada viaje, cada instante capturado y cada recuerdo ha sido un complemento en su evolución como profesional, y cada imagen tomada ha sido una ventana abierta al universo de culturas, emociones y paisajes que, de otro modo, habrían permanecido ajenos a su mirada.
Los planes de ella son claros, seguir viajando por el mundo con el propósito de capturar historias con su cámara y conocer nuevos rincones escondidos, para dejar su huella como fotógrafa.
