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Evocando

a los

 Ángeles  

del

Agustiniano

Por: Sebastián Betancourt

Fotos: Cortesía de Fernando Ariza

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Fernando Ariza, fotoperiodista de El Tiempo desde hace más de veinte años. Su carnet de prensa sobre el teclado de su oficina.

Al llevar más de 30 años en el mundo del periodismo, Fernando Ariza ha podido observar de forma directa, el cómo han sucedido acontecimientos de gran importancia para el público, y más aún como fotoperiodista, que tiene el rol de documentarlo todo a partir de sus habilidades con la cámara.

Según él hay una condición para ser un buen reportero gráfico: Ser una buena persona, y, sobre todo, cuando se cubren aquellos casos de gran conmoción para la gente.

Cuando se le pregunta cuál ha sido el acontecimiento vivido más recordado a lo largo de tantos años como fotoperiodista de EL TIEMPO, responde que fue el día del accidente de “21 Ángeles”.

“Recuerdo que estaba en el periódico y con dos de mis compañeros estábamos bajando baterías de lo que habíamos hecho en el día y recibimos primero una información, no confirmada, de un compañero llamado Abel, que cubría la sección Bogotá; nos contaba sobre un posible accidente por la Avenida Suba”

“Al principio, no le pusimos mucho cuidado, porque nos reportan diariamente accidentes en todos los sectores de la ciudad, pero, sin embargo, él estaba por la zona y nos reportó que la avenida Suba estaba colapsada en los dos sentidos”
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Abel habló con personas del cuerpo de seguridad, y lo pusieron en contexto sobre la caída de una grúa sobre un bus escolar, y llamó a Fernando y a sus compañeros, para contarles los detalles.

Cuando Fernando cuenta este suceso, se observa como su expresión se torna seria, y con sus palabras expresa una carga emocional digna de una tragedia, que aún veinte años después sigue recordando con tristeza.

“Nos dirigimos hacía alli diferentes grupos, dos fotógrafos más que están en el periódico se dirigieron al sitio del accidente, y a mí me asignaron ir al colegio Agustiniano”

“Fui y todo era un caos, afuera del colegio no dejaban entrar a nadie, empezaron a llegar muchos padres de familia. Muchos cuando llegaron todavía no sabían exactamente qué era lo que había pasado, entonces había un desorden grandísimo”

“Ya cuando se empezó a reportar que el accidente era de tal ruta, los padres de familia de esa ruta específica fueron acercados como a un sitio, para alejarlos de las cámaras y supongo que ahí les dieron la información”.

Fernando cuenta que él se encargó de cubrir la reacción de los padres de familia, y al hablar sobre ello, su rostro luce un vivo reflejo del sufrimiento de las víctimas.

La forma en la que cuenta la historia refleja esa angustia de los familiares de las víctimas, que según pudo saber, en un primer momento no sabían si sus hijos estaban dentro de los afectados, y pensaban que probablemente estos o no habían llegado, o simplemente se habían ido a casa de algún amigo.

“Se notaba el aire muy pesado, era una situación muy triste y complicada para todo el mundo, sabiendo que en el accidente todas las víctimas eran menores de edad”

“Nosotros nos dirigimos tanto al colegio como a Medicina Legal; también al sitio de las honras fúnebres, pero eso fue un cubrimiento de casi una semana, y parecía prácticamente un sepelio colectivo”

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“Al hacer un cubrimiento de estos, se siente la impotencia y la tristeza que invadía a todo el mundo, también lo alcanzaba a invadir a uno en el sentido de que tal vez no había ningún familiar o nadie conocido en el accidente, era un momento de mucha tristeza que empezaba a contagiar a todos los presentes”

“Aunque nuestro trabajo era registrar el hecho, cuáles eran las reacciones de familiares de padres de familia y todo eso, pues también procuramos con el mayor respeto, hacer el cubrimiento. Cuando suceden este tipo de cubrimientos, te cuestionas hasta qué momento o hasta qué límite hay que llegar para no llegar a tornarse incómodos con los afectados”

 “Fue bastante complicado, y más que todo triste, con ese sentimiento de impotencia al saber que no se podía hacer nada y en todo caso también como miembros de un medio de comunicación tener que cubrir un hecho en el que a medida que pasaban los minutos se volvía más complicado, y que a la larga resultó en una de las grandes tragedias que ha vivido la ciudad”

Décadas después, Fernando ha cubierto eventos de índole deportivo, desfiles de modelaje, y otros hechos de gran conmoción como el operativo de liberación de los secuestrados del 2011 en Florencia, pero cuando habla de esos veintiún ángeles, es de notar que aquel día, los acontecimientos fueron de tal magnitud, que después de ver a esas madres y padres llorando, hoy en día, entiende un poco lo duro que fue todo.

“Siendo padre, se tiene otra percepción de las cosas”

“Antes cuando era joven que como que no veía el riesgo, no pensaba bien las cosas y ahorita no solo se piensa por uno sino por la familia. Es cierto que en ese sentido la vida le cambia”

Fernando Ariza antes que fotoperiodista es padre, porque a pesar de que insiste en que en todo momento se debe ser lo más profesional posible, están aquellos instantes en los que tomar una foto se torna un reto imposible. Décadas después del accidente, se ve cómo aquellos que lo vivieron, aún no han sido capaces de procesarlo del todo.

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