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30 años tras los daguerrotipos

Por: ​Jeancarlo Ortz

Fotos: Cortesía de Camilo Sabogal

“Al principio no me gusto, me pareció algo espantoso porque la clase era física óptica y de la luz, química fotográfica y una cantidad de números…yo decía química y física para tomar fotos que tiene de chévere”

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Foto: Sofía Ramírez

Camilo Sabogal, Fotografía química tradicional y 

alternativa en Colombia

La historia de la fotografía se ha visto permeada de constantes avances en los últimos 140 años, desde la creación del daguerrotipo, primera técnica desarrollada en 1839 hasta los últimos modelos de cámaras digitales o la irrupción de los teléfonos inteligentes (Smartphone) en la modernidad. Los procesos químicos necesarios al momento del revelado han presentado una rápida transformación, lo que permitió reducir los tiempos de espera con la inclusión de avances tecnológicos y científicos.

 

Si bien el aspecto del tiempo es una variable a tener en cuenta, no implica que no existan enamorados de los procesos de antaño. Algunos incluso pueden decir que han vivido parte de la revolución en la industria. Este es el caso de Camilo Sabogal, amante de las artes visuales que llegó con muchas dudas al campo de la fotografía.

 

Camilo tenía claro desde pequeño que quería ser pintor. Sin embargo, para esta decisión no tuvo el apoyo de su familia, por lo tanto, tuvo que abandonar ese sueño. Posteriormente pensó en un camino que le permitiera mantenerse cerca de esa vena artística con la que había nacido. En esta búsqueda se toparía con el diseño gráfico pues creyó que sería la respuesta a sus incógnitas. Mientras aguardaba para poder empezar sus estudios en la universidad, escuchó de un amigo sobre la importancia de la fotografía para un diseñador gráfico y a pesar de que estaba lleno de dudas, Camilo decidió entrar a un curso en el Sena.

Incluso él no se sentía del todo a gusto en el ejercicio práctico de tomar fotos. Solo fue hasta que entro en el estudio para revelar su primer rollo que encontró su conexión y amor por la fotografía.

 

“Cuando vi los negativos en mi mano dije, guau, esto es mágico”

 

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Desde ese momento Camilo entendió la fotografía no como el ejercicio de captar un instante de un espacio determinado, más bien como una herramienta que le permitía “pintar con luz”, frase que escuchó en una de las clases de su profesor. Era la técnica para pintar que tanto había buscado y con la que se encontró sin esperarlo. Con esa idea en mente, pensó en vivir de este medio y, en el proceso tuvo la oportunidad de experimentar nuevos métodos de revelado en el estudio.

 

Con apenas 18 años, soñaba con ser fotógrafo submarino, viajero y de la National Geografic. Pero una vez aterrizó sus ideas decidió ser fotógrafo comercial de productos con una particularidad, tomaría fotos a objetos muy pequeños como joyas o tan grandes como carros, no habría punto medio. Pasaron 8 meses del inicio de esta aventura hasta que llegó noviembre de ese mismo año. En esa fecha se realizó una feria de fotografía en el hotel Tequendama que presentaba al mundo los últimos avances tecnológicos en materia de fotografía digital. Allí se toparía con el modelo de una cámara electromagnética y todo el nuevo sistema que venía con ella. Este modelo era la antecesora de los primeros modelos digitales. Su rechazo fue instantáneo teniendo en cuenta que el mecanismo que empleaban estas cámaras perdía toda la emoción del proceso de revelado tradicional del que se había enamorado. Los costos elevados de las memorias y las cámaras también fueron un obstáculo para Camilo.

 

“Podrá tener las mismas funciones y servir para lo mismo, pero eso no es fotografía”

 

A él siempre le interesó la fotografía, mas no ser fotógrafo. Ese es uno de los puntos de inflexión claves que ha guiado sus pasos en este maravilloso mundo. Fue en ese camino en el cual se encontraría con los daguerrotipos años después. Esa técnica fotográfica emplea un vidrio bañado en plata, sensible a la luz y permite que dicha exposición quede grabada en el vidrio.

 

Estas placas llevan un proceso de preparación extenso que puede durar semanas. Y fue este el método que elegiría Camilo para captar imágenes de paisajes como ninguna otra, concretamente los páramos que quedan en la periferia de la capital. Lleva 5 años aproximadamente, fotografiando y revelando daguerrotipos de este terreno inhóspito. En algunos casos ha llegado a aguantar auténticos aguaceros por más de dos horas con tal de darle la suficiente exposición a las placas y así captar la mejor imagen posible. Los momentos en los que aguarda frente a la cámara no son catalizador de estrés o desespero para él, de hecho, son espacios ideales en los que disfruta meditar y analizar cada detalle del paisaje.

 

“Esto es un acto de paciencia”, dice Camilo. Espera seguir fotografiando estos paisajes para lo que tiene destinado un proyecto que sacara en los próximos meses y al cual nos invita para poder ser testigos.

Galeria de Camilo Sabogal

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